jueves, 15 de noviembre de 2007

Alonso de Villalobos

Esto que sigue es un preludio de un personaje muy simpático que una amiga me pidió para un cameo en una partida por foro. Después de postear la primera vez, para lo que necesite repasar el preludio que había escrito, decidí que era digno de que lo vieran los demás... no muy digno, pero si al menos algo... y aquí os lo posteo para que lo leáis, y riáis en caso necesario.

Me he tomado de darle una imagen a mi personaje, el incomparable Bruce Campbell, y a su segundo de a bordo, ni mas ni menos que el incomparable Terry Guilliam.

Alonso de Villalobos y Buenaventura
Capitán
- ¿Y dices que volvió solo a la costa, a bordo de un barril?
- Como lo oyes...
- ¿Y que en otra ocasión se adentro a nado en un barco enemigo y mato a todos los guardias, desvió el timón a u
nos acantilados, salto del barco y nado de vuelta a su goleta?
- Tal como me lo ha contado alguien que lo vio...
- Lo que mas me cuesta creer fue que dirigiera su barco entre dos esquifes piratas de tal manera que se disparasen entre ellos y salir indemne...
- Un amigo de un primo mio estaba a bordo en aquella ocasión...
- Guau, entonces solo puede ser...
- El capitán Alonso de Villalobos y Buenaventura.





Sus orígenes son inciertos. El dice ser descendiente de un rico noble de la meseta, que harto de hijos, decidió donar sus bienes a un monasterio y dejar a sus descendientes la labor de crear su propia senda en la vida. Dado que el era el menor no heredo el titulo y se tuvo que labrar su propio destino.

Al menos eso ha contado...

De joven se enrolo en un barco portugués que iba a las indias a recoger especias. Allí fue hecho preso por los piratas del mar de China, y trabajo como esclavo, siendo aun muy joven. Aprendió las rudezas de la mar y varios idiomas de los que hablan los impíos de lejanas tierras. Finalmente, un día consiguió escapar y abordar como polizón un navío español, donde su triste historia, le granjeo un pasaje como grumete, que le llevo de vuelta a Coruña.

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Al menos eso ha relatado...

Posteriormente, comenzó a trabajar para un armador gallego. Sobreviendo a varios naufragios, consiguió, por su valor, poner a salvo una importante mercancía que hacia custodio un barco que tripulaba, lo que le granjeo la amistad eterna del armador, que finalmente, le puso al mando de una chalupa que hacia rutas entre Lisboa y Coruña. Sus repetidos éxitos, casualmente coincidentes con la incorporación de un segundo de abordo, llamado Rufus (a secas), le hicieron tomar cada vez mayores responsabilidades en la compañía. Honradamente ha conseguido amasar una gran fortuna. Es famoso por su cortesía con las damas, éxito entre las jovencitas, destreza con la espada y caballerosidad.

Las grandes familias de Coruña se disputan la posibilidad de que emparente con algunas de sus hijas casaderas.

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Al menos eso dicen por Coruña...

Pero la realidad es esta...
Su verdadero nombre es Miguel Bocanegra de todos los Santos. Así le llamaron las monjas por ser un malhablado abandonado en la inclusa. Después de que a los doce años tuviera un romance con una novicia, le echaron del convento (mas apropiado es decir que huyo), y se tuvo que buscar la vida por su región, Castilla. Aprendió los rudimentos de la vida en las calles, y de robo en robo, comenzó a ser hábil con las manos, pero mas hábil aun con las palabras. Descubrió que un par de palabras melosas y su físico agraciado hacia que muchas muchachas casadas y casaderas abrieran su corazón, puertas y joyeros al valiente galán, mozo y descendiente de nobles que tan mala suerte arrastraba.

Estafador donde los haya, tuvo mala suerte y tuvo que huir hacia el norte escapando de guardias, maridos cornudos, hermanos y padres deshonrados y en general gente a la que debía dinero o cuestiones pendientes de honor. Era hora de hacer desaparecer a Miguel y se le ocurrió que podría enrolarse en un barco. A pesar de que no sabia nadar.
Pero se iba a enrolar en un barco que discurría con correo paralelo a la costa. ¿Que malo podía ocurrir?

Lo malo fue que se enteró que a bordo iba una carta de gran valor. Y los ojos le hicieron chiribitas. Planeo hacerse con tal goloso botín y desembarcar en Lisboa. Pero no contaba con los piratas. Su barco fue atacado y el solo pudo pensar en el botín. Hasta que vio el agua. Entonces se refugio en un barril de harina vacío y llorando, repitió, por primera vez en veinte años, todas las oraciones que le enseñaron las monjas.

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La experiencia le traumatizo, pero tuvo suerte. Llego su barril, indemne a las costas de Pontevedra. No creyéndose su buena suerte, abrió el cofrecito de tan valiosa carga y comprobó, con horror, que solo contenía una carta lacrada. Aquello no valía nada, al menos para el. Pero quizás si para su armador. Se propuso entonces regresar a Coruña.

Por fortuna, el armador no le conocía, pues fue contratado directamente por el capitán, fenecido en el ataque de los piratas, así como el resto de la tripulación. Relato entonces la historia que es de dominio publico, y el capitán, asombrado y agradecido, lo incorporó bajo su nueva identidad a la nomina de capitanes.

Se enteró entonces de las posibilidades de hacer dinero como contrabandista, llevando cargas interesantes a espaldas de su armador. Solo había un problema. No sabia navegar. No sabe nadar. Es mas, se mareaba con facilidad. Una noche, rondando por el puerto, atormentado por ver la posibilidad de tener que abandonar tan golosa oportunidad en la vida por el misero detalle de no estar capacitado, se dejo caer en una taberna, donde localizo a un lloroso y despreciable hombrecillo, que con un problema de tartamudez y rematadamente feo, al principio le asqueo. Pero, quien sabe, quizás un destello del destino le hizo defenderlo de un abusón de taberna, a lo que el hombre agradecido, respondió invitándole a una cerveza con su ultima moneda y contándole su triste historia.

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Rufus es un experimentadisimo marinero, perseguido por la mala suerte. Toda la que tuvo Miguel/Alonso, le falto a el. A sus cuarenta y cinco años a recorrido todas las rutas imaginables, ha estado en mil puertos, habla decenas de idiomas... pero un pequeño problema de tartamudez (mas bien enorme) y su mala presencia, no le conseguian un trabajo decente a pesar de su competencia. Alonso claro, vio su oportunidad y lo contrató como segundo de abordo. Rufus es quien controla el cotarro, aunque le esta demasiado agradecido a Alonso por sacarle del arrollo como para quitarle protagonismo.

En cuanto a las mujeres... Bueno. Se conforma con lo que pilla. Es cierto que su fama le ha granjeado algunas oportunidades de cortejar a jovenes de buena familia, pero al ser estas rematadamente feas por lo general, ha metido la pata o ha dicho o hecho algo inconveniente.

Es un prepotente, fanfarron, donjuan y algo cobardica. Tiránico con sus hombres, pero admirado al mismo tiempo, porque suele salir con bien de todas las situaciones, mitad por la competencia de Rufus, mitad por su buena estrella...

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