martes, 21 de octubre de 2008

2ª Quedada Interclubes de Zaragoza

Querido Sobrino Gobbo:

Un tipo que tuvo un gran éxito en la vida, Picasso nada menos, dijo una vez algo con gran sentido.

“Cuando llegue la inspiración, que te coja trabajando”


Sinceramente querido sobrino, últimamente empiezo a pensar que voy a necesitar un portátil, para que allí donde las palabras adecuadas me alcanzan, las pueda dejar por escrito. Si, ya se, una libreta funcionaría igual de bien. Pero no tiene corrector automático. O puede que lo que necesite sea un chofer, por aquello de que en mis peregrinaciones del último tercio del año se me ocurren al volante las frases más ingeniosas, que por desgracia, mueren en el olvido al girar la siguiente curva.

Bueno, lamentos aparte, te debo, mi querido sobrino, tres bitácoras correspondientes a hechos notables de los que he sido testigo en las últimas fechas, además de una critica literaria, si, literaria, referida a un libro realmente divertido que en mis manos ha caído y que ha sido devorado como un cadáver a manos de un zombi. En su día entenderás tan macabro símil, pero por ahora, y por orden cronológico, paso a referir lo sucedido en la II Quedada Interclubes de la ciudad de Zaragoza.




Que como recordarás anuncie debidamente en esta bitácora. Es posible que seas un lector con poca memoria, querido sobrino, o que sencillamente, hayas pasado por alto el resto de entradas anteriores y sea esta la primera postal que lees. En tal caso, te refiero al resto de entradas que puedes encontrar cómodamente aquí, aquí, aquí y finalmente, aquí también.

Lo malo de reflejar hechos con tanto retraso es que mi memoria, en contra de lo que la gente cree, es realmente mala. Espero no omitir hechos, falsear datos o sencillamente dejarme llevar por la fantasía de forma totalmente involuntaria.

A pesar de que mi intención inicial era la de encontrar un lugar para quedarme y asistir a las dos jornadas, el comienzo de las fiestas del Pilar, con una semana de antelación, había dejado las plazas hoteleras o bien ocupadas, o bien literalmente alcanzables solo por algún emir de esos que compran los equipos de fútbol ingleses demostrando igual desprecio por el dinero que el que sienten por su propio pueblo. Pero no entremos en política. Quería una habitación para pasar la noche y asistir a ambas jornadas y no la pude encontrar. Por eso me fui con lo puesto. Por eso no pude aceptar tu amable hospitalidad Santi. Se agradece igualmente, eres un tipo realmente majo.

Llegue con algo de retraso al lugar, fundamentalmente debido a una rápida pasada por la FNAC para conseguir un par de libros que necesitaba, una guía de viaje de un lugar que pronto visitaré y el segundo ejemplar de la “Guía del Autoestopista Galáctico”. Un libro inesperado se coló también en mi cesta, que será objeto de una bitácora en breve. Por eso cuando llegué, ya estaba mucha gente jugando a los juegos de mesa que se podían encontrar en la humilde pero divertida ludoteca que los amigos de Zaragoza.




Allí pude ver como la gente despreciaba su propia integridad física jugando a “La Danza del Huevo”, que resulta más divertido de ver que de jugar en mi humilde opinión, o de "Jungle Speed", un juego del que me disuadió de practicarlo las terribles heridas incisas en las muñecas, y las contusiones allí donde el chirimbolo me impactaba.

Por fortuna, otro tipo de juegos había presentes, alguno realmente divertido, como por ejemplo "Tsuro", que me recordaba un cierto juego de mi niñez, "Evasión", consistente en un mazo de cartas con caminos intrincados que partían de una prisión de la cual debían huir unos ladrones fugitivos y unos policías debían dirigirlos hacia los convenientes controles donde ser detenidos.










También fui testigo de algún otro juego de mesa, pero en el patio se desarrollaba una actividad que a primera vista puede parecer friki.




No os dejéis engañar. En realidad el Softcombat es ejercicio. Allí estuve con el sin par Santi, que me dio unas pequeñas lecciones de esgrima, y sobre todo, de humildad, porque aquí un servidor se piensa que esto de la esgrima se aprende a base de haber visto a Errol Flynn y mil veces el duelo en lo alto de los Acantilados de la Locura. Prometo aprender, cuando menos, a defenderme.



Y a cubrirme los testículos siempre que combata con mujeres, especialmente con Daan, que por dos veces consiguió frenar mi avance y destrozar mi ego con sendos mandobles ascendentes.

Entre charlas con los amigos de Zaragoza discurrió la mañana y finalmente, los 24 presentes nos fuimos a comer a un bar cercano, que tuvo que colgar el cartel de “Cerrado por causa de fuerza mayor”. Ya podéis imaginar la escena. Hamburguesas, bocadillos de bacón con queso, algún gourmet que pidió huevos fritos con chorizo, y continuas referencias a películas de duelos a espada, Futurama, y todo aquello a donde pueda enlazar una conversación entre frikis. Servidor, como siempre que come en público, dejo el pabellón bien alto y se apretó dos hamburguesas de dos centímetros, en hogaza de pan, con lechuga, tomate y un huevo frito. Sin queso, que engorda.

Después de la comida un servidor se acerco a hacer la compra de ciertos artículos que en el lugar donde yo vivo, tan lejos de la civilización, son difíciles de encontrar. Después de aquello, volvimos al centro cívico del antiguo Matadero, donde jugaríamos una partida de “Unknow Armies”, aun a pesar de la lamentable acústica de la sala. Urge conseguir que los políticos de Zaragoza nos faciliten un lugar donde celebrar adecuadamente este evento. Parafraseando al doctor Veckman... venga tíos, somos votantes, se supone que tendrían que lamernos el culo, ¿no?

Acústica aparte, la partida en si fue bastante divertida, una mezcla de peli de zombis, novela de Stephen King y “Jeepers Creepers”, en la que interpretaba a una mama psicótica con la seguridad de su hijo, de tendencias algo necrófilas, a la que las circunstancias la llevan a mostrar su lado más Sarah Connor. Divertido, como digo. Quizás le de una oportunidad al juego.

Todos lo pasábamos muy bien, pero el centro cierra sus puertas a las nueve de la noche, y a las nueve de la noche, en la calle, celebramos la reunión final, que como no, un servidor reflejó con su cámara, en la cual se hizo un refresco rápido de quienes son los que participan para que los nuevos, muchos realmente, supieran donde dirigirse en caso de no conocer a los frikis de Zaragoza.

En breve, la tendré editada debidamente, y colgada en esta misma bitácora.

Mis conclusiones son las mismas que en la otra ocasión. Si la primera vez, todo entusiasmo, se reunieron unos 40 frikis, la segunda sesión, tuvo en su primera jornada, cerca del doble de asistencia. Es el germen de algo que puede estar muy bien, quizás unas jornadas como se podría merecer una ciudad tan enorme como Zaragoza, de 750.000 habitantes. Queda mucho por hacer, pero se está en el buen camino.

Y yo por mi parte, seguiré apoyando este evento (o producto) mientras las circunstancias me lo permitan, con mi humilde aportación de fotos, vídeos y opiniones.


Venga chicos, nos vemos en la próxima.

1 comentario:

Blackrose dijo...

Y comprarte una grabadora? Lo digo para poder registrar las ocurrencias más fácilmente...
Besotes,
Vane