jueves, 8 de enero de 2009

El maldito 2009 y la peor pesadilla de mi vida

Querido Sobrino Gobbo:

El virus que te aquejó durante las navidades, que le pasaste a tu madre, tu madre a la mía y la mía lo cogió en vísperas de terminar mis vacaciones, finalmente me ha alcanzado.

Escribo esto desde la cama, con mi nuevo portátil, que no está nada mal, una cosa muy coqueta y pequeña que adolece de la batería de manera clamorosa (primer punto a solventar). El caso es que después de toda una noche, mañana y mediodía llamando a Blas, mientras comía un puñín de arroz hervido con limón, me puse a ver una película, por aquello de matar el tiempo mientras este virus trata de matarme a mi. Que si, que esta vez va en serio, estoy en las ultimas.


Bueno, la película en cuestión ha sido "Jasón y los Argonautas", peliculón de los años sesenta, en el estilo de las aventuras que en los ochenta nos recordarían con la similar "Furia de Titanes". Las similitudes entre ambas son debidas, fundamentalmente, al genio de los efectos especiales que se encontraba detrás de ambas, Ray Harryhausen, un tipo tan genial que consiguió que los seres humanos convivieran con los dinosaurios a través de One Million Years B.C, que posiblemente otros recuerden mejor por Raquel Welch en plan diosa de la fertilidad.


Bueno, a lo que iba. La escena final de "Jasón y los Argonautas" es una de las cumbres del cine de aventuras, cuando de los dientes del dragón, el rey de de la Colquida, el Rey Aeetes, alza siete esqueletos guerreros que persiguen y matan a los dos compañeros de Jason, Castor y Peles. Pero Jasón consigue escapar. La película finaliza demasiado rápida entonces, dejando algunos cabos sueltos, pero ya sabemos como es la mitología griega. Si pretendemos atarlos todos, tendríamos una película más larga que los 2137 capítulos de "Santa Bárbara" seguidos.


Y entonces, recordé que la primera vez que yo vi esta película debía tener... 7 u 8 años. También me encontraba enfermo como ahora, y también en aquella ocasión la escena final me impresionó mucho. Tanto, que aquella noche, tuve la pesadilla más aterradora de mi existencia.

Recuerdo que empezaba con una chica que me gustaba, posiblemente una profesora sustituta. Dejemos de lado mis complejos edípicos, porque la muchacha se encontraba en una red de pesca, sobre un acantilado, y junto a los aparejos que la sostenían aun en tierra, se encontraban dos hombres en el más puro estilo Men in Black. Trajes negros, gafas de espejo, sin detalles que pudiera relacionar con nada.

Se que la tiraron al mar, y el golpe no fue bonito. Si las rocas del acantilado no hubieran sido suficientes, recuerdo que el agua la arrastró mar adentro y allí, le esperaban tiburones. Morboso, ¿verdad?. Aun recuerdo el color rojo y como los tipos del acantilado se fueron de la escena.

Lo siguiente fue un fundido en negro. Era de noche, anocheciendo o amaneciendo, pero de cualquier manera, entre luces. Y entonces, la marea arrastra un cuerpo devorado a la playa. El esqueleto completo, del cual, en mi pesadilla solo veo los pies, limpios de carne e inmóviles. Por un instante.

Porque a continuación se frotan entre si como haría una persona al despertar. Escena a la que luego he sacado un origen en una de las viñetas iniciales de "La semana más larga", sin par cómic de Superlopez. La pesadilla en si comenzaba aquí.


Recuerdo poco de lo que seguía, pero los esqueletos que vi correr tras los argonautas ahora corrían tras de mi. En medio de la noche me desperté paralizado de terror, y con tantísimo miedo, que durante lo que me parecieron horas, aunque posiblemente no fueron más que unos minutos, vi pasar por el hueco de la puerta de mi habitación un esqueleto tras otro en medio de la oscuridad. Solo veía una fosforescencia de imágenes de calaveras, humeros, costillares y demás que se asomaban a mi puerta y caían al suelo, y yo, paralizado como un ratón ante la serpiente, no podía dejar de mirar.

Esa fue la peor de las tres pesadillas que puedo recordar haber tenido, al menos mientras dormía. Hubo otra que en su día puedo intentar recordar que me causó un desmayo en pleno sueño del terror que tuve que pasar. Creo que aquella vez había visto "Poltergeist".

No creo que esta noche tenga una pesadilla, pero si ocurre, os la contaré bien fresca. A fin de cuentas, pasar miedo tiene su que. A mi me gusta pasar miedo.

¿Y a vosotros?

Desde el lecho de los dolores y la extremaunción.
Tu tío, Quaid el viajero.

1 comentario:

あんじ dijo...

Waaaa yo una vez soñé que un luchador de sumo me perseguía para matarme, que mal lo pasé!T^T
por cierto,creo que despues de la pesadilla tuviste una parálisis del sueño, por lo que comentas de que ya despierto y estando paralizado veias esqueletos en tu habitación,a mí tambíen me ha pasado.
jur jur ya ves que buena soy que te comento en tu bitacora,no podrás quejarte!jaja
un besote :)