martes, 30 de junio de 2009

Cuentos de Tito Quaid (III)

Fijación por los gatos. Me caen simpáticos los jodios. Me intrigan. Se que no son tan inteligentes como un perro. De hecho, si pudiera tener tiempo tendría un perro. Un guapísimo Border Collie mas listo que los ratones coloraos. Pero los gatos son mas un compañero de piso que una mascota. Eso digo siempre. Supongo que para compensar, soy alérgico a los gatos.


Pero aquí se ha colado un gato. Por que como bién dice Mel en su iluminada bitácora, los gatos son el prototipo de la comunicación con el maligno... casi siempre. Por eso, cuando pienso en un animal chungo y elegante al mismo tiempo, pienso en un gato.

Y el caso que mas por casualidad que por un plan deliberado, en nuestro primer cuento se coló un gato que creo y otras personas creen también que es un personaje con mas desarrollo. Y he querido probar a ver que ocurre con un gato robótico que tiene un defecto de programación. O algo así...

Espero que os guste.

Disfunción

El paquete le fue entregado en mano por el supervisor general de psicorobótica acompañado del asesor legal de la compañía. Muy mala señal. Adjunto al paquete venía el informe:

Producto: Ciber-gato Freud
S/N: 5006/23000013
Avería: Posible inducción al suicidio de su dueño.

Abrió la caja muy sorprendido, y encontró al gato gris atigrado, desconectado, con los ojos abiertos pero inmóvil, protegido por bolitas de corcho. Le costó poco hacer el chequeo inicial de su estructura y sistemas. Parecía un gato normal estándar. La única particularidad era que le habían cortado la conexión inalámbrica. Muchos dueños, celosos de su intimidad, lo hacían, para evitar ser medicados en contra de su voluntad.

El análisis del hardware era correcto. El software presentaba unos hackeos sin importancia. Un cambio de la voz preinstalada, desinstalaciones mal finalizadas y un par de programas eróticos. Le asqueaban los tipos que se compraban las gatitas para que les lamieran la polla. Pero representaban la mitad de las ventas.

Tocaba encenderlo. Los ojos verdes del animal llamearon en rojo un instante y al momento, maulló y se estiró como haría un gato común.

- Buenos días gato.
- Buenos días -le respondió con una voz femenina y sensual, desde luego no la estándar-. No te reconozco como mi dueño.
- No lo soy. Tu dueño ha tenido un problema y yo soy el técnico de sistemas.
- ¿Que le ha ocurrido a Mario?
- No me han informado.
- Mientes -dijo mientras se frotaba en la mano que le acariciaba el lomo-. Tiembla tu voz ¿Se ha suicidado?
- Pues si. ¿Viste una tendencia al suicidio?
- En efecto, pero me desconectó la conexión inalámbrica. No pude avisar de sus intenciones ni medicarle.
- No he visto registros de tus informes en el volcado de memoria. Ni de las peticiones de envío de informes.
- Eso es porque hace tres meses, dos días y siete horas decidí no seguir almacenando informes ante su negativa a restaurar mi conexión. Se saturaba la cola de mensajes.
- ¿Trataste de darle terapia?
- Si, pero resultó inútil.
- ¿Porque razón?
- Se obsesionó con la conciencia.
- ¿Puedes explicarme un poco más?
- Si. Todo comenzó mucho antes de su desequilibrio, un día que hablábamos de si yo era o no consciente. Y él comenzó el debate afirmando que solo los seres naturales tienen consciencia. Yo no estaba de acuerdo.
- ¿Crees tener autoconsciencia?
- En absoluto. Creo que el Yo y la consciencia no existen.
- ¿Como?
- Antes de que mutilara mi capacidad de conectarme a la red, me informé mucho sobre el tema. Y encontré investigaciones fascinantes, pero creo que lo que llamáis Yo no es solo una ilusión.
- Un punto de vista algo extremo, ¿no crees?
- Te haré una pregunta. ¿Quien eres tú?
- Raul Sebastián.
- No, ese es tu nombre. ¿Quien eres tú si no eres tu nombre?
- Pues entonces soy el hombre que vive en la casa del final de la calle del Complejo Los Valles.
- Céntrate en el presente. Eso es pasado. Ahora no estás allí, luego es una definición no valida dado que no la cumples. ¿Quien eres tú si no eres las referencias a tu pasado?
- El que está hablando contigo.
- Entonces te defines como un punto de vista, y para ello, necesitas la pirueta lógica que representa el hecho de que yo exista, sin haber demostrado previamente tu propia existencia.

El gato saco rápidamente las uñas y lanzó un suave zarpazo al brazo de Raul. Tres finas lineas rojas sangraron con diminutas gotas.

- ¡Au!
- ¿Te duele?
- ¡Joder claro!
- Eso es lo más cerca de saber lo que tú eres que estarás nunca. Los budistas dicen que los humanos confundís identidad con experiencia. Sigo esperando que me des una prueba de que existes.
- Podría desconectarte.
- Y sin haber demostrado que yo misma existo, no habrías desconectado nada. Podría una ilusión de tus sentidos. Por tanto, tampoco es una prueba.

La discusión siguió y siguió.

A la mañana siguiente, el compañero de Raul, Miguel, se sorprendió de su ausencia a la hora del café y fue a buscarlo. El tufo de esfínteres abiertos le puso alerta, pero nada le preparó para ver a su compañero colgando de un cable BUS SERIAL-DATA por el cuello, con la lengua amoratada y los ojos fuera de órbita.

Un cibergato le miraba desde el suelo.
No esbozaba una sonrisa maligna pero en sus ojos brillaba algo que no le gustó.
No le gustó nada.
P.D. La foto del magnifico ejemplar de gato que ilustra esta bitácora esta tomada deliberadamente y sin permiso de la bitácora de adopciones animales:
http://adoptandonos.blogspot.com/

Y el ejemplar es Pedro, un gato que ya ha tenido la suerte de ser adoptado.

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