miércoles, 30 de septiembre de 2009

El truco de la fontanela

Querido sobrino Gobbo:

Servidor, al igual que muchos geeks y gente adicta al ordenador en general, padece migrañas. Además, no una de las migrañas normalitas, ni de las que se adolecen como causa para no cumplir con el sagrado sacramento del matrimonio (o del arrejuntamiento).
No, las mías son migrañas con aura, fotofobia e irritabilidad.
Y un dolor de cabeza que es como sentir que una aguja de coser te entra por el ojo y sale por la nuca.




El caso es que hoy he tenido un dolor de cabeza (y sigo teniéndolo) y he recordado que una vez escuche en la radio un pequeño truco que puede salvarte la vida (o al menos permitirte un cierto alivio) en caso de que no tengas analgésicos y si un dolor de cabeza de los que hacen afición.

Además, suelo hacer proselitismo de dicho truco. Y la última beneficiada, que alucinó con el efecto relámpago que supuso, fue Isanne, que el viernes no estaba para bromas.

Al turrón... voy a hablaros de la Fuentecilla o Fontanela.

La fontanela es el espacio que hay en la parte superior del cráneo. Cuando nacemos, está sin osificar para que el cerebro pueda tener un desarrollo y supongo que para facilitar que el feto pase a través del canal uterino en el momento del parto.

Si tenéis un hijo o sobrino recién nacido, observad la parte superior de sus cabecitas. Las vereis palpitar, debido a que esta parte aun no ha cerrado y es blandita.

Al crecer, esta zona se convierte en duro hueso, pero no tan duro como los que tiene alrededor.

Cráneo de bebe, vista superior.



Imaginad vuestra cabeza. Mentalmente id trazando dos círculos imaginarios, uno que pasa por ambas orejas, y el otro que pasa por vuestra nariz y la nuca. El punto donde se cruzan sobre vuestra cabeza es donde tendréis la fontanela. Si palpáis, tendréis que notar una depresión más o menos notable en el cráneo.

Cráneo de bebe, vista lateral.


¿La tenéis localizada?

Fenomenal.

Ahora, con los dedos índice y anular de la mano derecha presionad verticalmente y hacia abajo. Con fuerza y sin miedo. Tampoco os paséis, que no quiero que os trepanéis al estilo Happy Tree Friends.

El dolor de cabeza se concentrará en el punto donde apretáis, convirtiendo el molesto y difuso dolor de cabeza, incapacitante, en algo más concreto y tolerable.

¿Por que funciona? Pues ni idea. Servidor no es médico, pero por fortuna, tengo en nómina a una aspirante a doctora, nuestra querida Editora Honorífica Katt. Si acepta el reto, que lo explique ella.

Yo supongo, por no quedarme callado, que debe tener que ver con el hecho de que la mayoría de dolores de cabeza se originan en las meninges, dado que el cerebro, como objetivo de las terminaciones nerviosas, no es origen y por tanto, no emite señales de dolor. Al apretar la fontanela, zona donde el hueso es más fino, estimulamos la meninge y "distraemos" el origen del dolor de cabeza.

Pero me importa poco. Porque funciona.
Y sin funciona, me vale.

P.D. Unos matices.
a. Solo funciona en algunos casos, no en todos.
b. No es sustituto de vuestra medicación habitual.
c. No es duradero en el tiempo, pues pierde intensidad, aunque se puede repetir.
d. Solo funciona MIENTRAS mantenienes los dedos haciendo presión.
Espero haberos ayudado.
Un saludo.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Inglorious Basterds (opinión)

Querido sobrino Gobbo:

Ver una película solo es un pecado que me consiento demasiado a menudo. Solo en ocasiones consigo que alguien me acompañe a ver una película, y naturalmente, eso se suele deber a la enorme calidad o expectación que la misma pueda haber causado. De hecho, creo que la última vez que fui al cine acompañado fue para ver “Hulk”. Si, la nueva. Si, la mala (Adoro provocaros malditos frikis chiitas. La de Ang Lee es la mejor).

Y a todo esto, ¿porque no amenizar la lectura con la música original de la película?

Cortesía de Grooveshark.com.

En esta ocasión, y después de que mi trabajo (lo adoro) pospusiese los planes toda una semana, fui a visitar a Shaska y Andur durante el fin de semana y aprovechamos para ir al cine, acompañados por Isaac, amigo de Andur. La película cumplía los requisitos con creces. Prometía calidad y había causado una grandiosa expectación.

Soy un fan del señor Tarantino. Incluso su peor película, “Deathproof”, me parece una película con mucho más sentido que muchos bodrios que hemos visto rodar en los últimos tiempos. Es un director con un lenguaje propio y desde que apareció, imitado hasta la saciedad, con muy poco éxito, salvando jugosas excepciones.

Curiosamente, el fetiche de la mejor película de Tarantino que no es de Tarantino, fue el señor Bradd Pitt en la película de inexcusable visionado “Snatch: Cerdos y Diamantes”. Quizás por eso el señor Tarantino decidió que el señor Pitt debería estar en su película. En una de Tarantino rodada por Tarantino.

Y es que por fin, después de dos años de espera, de impaciente espera, llega a nuestras pantallas

“Malditos Bastardos”

ATENCIÓN. SI SIGUES LEYENDO, PUEDE QUE TE REVIENTE EL ARGUMENTO.

Y DADO QUE EXISTE UNA PLANTA DEL INFIERNO RESERVADA SOLO A LOS QUE HACEN ESO, COMO EXISTE UNA PLANTA DEL INFIERNO RESERVADA A LOS QUE DERRAMAN EL WHISKY, O LA QUE HAY SOLO PARA LOS PEDERASTAS Y LOS QUE HABLAN EN EL TEATRO, PUES PREFIERO AVISAR.

SIGUE LEYENDO A TU PROPIO RIESGO.

Ya avisó Tarantino que aunque la película estaba ambientada en la Segunda Guerra Mundial, no era, en absoluto, una película de la Segunda Guerra Mundial al uso. Es más, me atrevería a decir que guarda vínculos con multitud de géneros, a excepción del bélico. Cuidadosamente se evitan en todo momento escenas decididamente militares, como los saltos en paracaídas que llevan a los bastardos del teniente Aldo Raine a la Francia ocupada por los nazis o el desarrollo de las emboscadas que Raine y sus hombres tiendes a las patrullas alemanas.

Nos encontramos ante una sucesión de pequeños cortos que se desarrollan cada uno en su propio genero. Y comenzando por el primero... un Western.

Comenzar una película con un “Erase una vez”, con música de Ennio Morricone disfrazando los compases de “Para Elisa” de melancolía pistolera, y un hombre vestido de negro llegando a una casa perdida en medio del campo nos hace, queramos o no, rememorar el Spaguetti Western más grande de todos los tiempos.

En la primera escena, Tarantino nos presenta al Coronel Landa, uno de los malvados más maquiavélicos y diabólicos que he tenido el gusto de ver fuera de una de la Disney. Sin dudarlo, el mejor personaje de toda la película.

Después presenta a los personajes que dan nombre en si a la película, los Malditos Bastardos. Aldo rememora el discurso de “Patton”...

“No hemos venido aquí a enseñarles humanidad a esos malditos nazis”

... llevándolo al extremo ante un auditorio más selecto, soldados judíos voluntarios, con una llamada a la sangre, a la crueldad y al bestialismo que nos deja claro que aquí tampoco están los héroes de la historia. Y menos cuando a continuación nos presenta sus actividades, a que se dedican los Bastardos en una de las escenas más violentas y tensas, con guiños a si mismo, tanto en la música tomada prestada de “Kill Bill” como en los cortes tipo cómic que hace para presentar a los nuevos personajes. Brutalidad, honor ensuciado con racismo y crueldad a partes iguales.

La historia de los bastardos se aparca entonces, narrando la historia de un soldado alemán, Fredrick Zoller, enamorado de una francesita que resulta ser la propietaria de un cine, donde por medio del prestigio del joven francotirador se estrenará una película propagandística de Goebbels, con la asistencia de toda la plana mayor. La chica es en realidad una judía que consiguió escapar a las garras del Coronel Landa, y tramará un plan para vengar a su familia.

Desconocedores de este hecho, el Alto Mando Aliado pone en marcha una misión con un objetivo idéntico. Aniquilar a todos los prebostes nazis, y para ello, precisan de la ayuda de los Bastardos. Y a pesar de las dificultades se hace necesario intentarlo a cualquier coste, pues a última hora confirma su asistencia el mismísimo Fuhrer.

Dos historias que paralelamente, nos llevan a un cine lleno de explosivos, productos inflamables y con dos planes para asesinar a todos los jefes nazis que terminan en un sorprendente y apocalíptico final.

Porque desde luego, el final no me lo esperaba, contribuye a mantener en todo momento la tensión y quizás sea uno de sus puntos más brillantes, dando origen a una interesante ucronía. Mierda, es cierto, solo lees cómics... bueno, una ucronía es lo que Marvel llamaría un “What If?”.

Servidor salió del cine más que satisfecho. Aunque yo no diría que es “su obra maestra”, si es una película memorable que sin duda compraré con la esperanza de que en el DVD Tarantino se permita el lujo de montar la película como el quería desde un principio sin presiones de las productoras para que recortase el metraje final. La película se me hizo corta. Por momentos, me daba la impresión de que me escamoteaba cosas. Y ciertos personajes, presentados con esmero, desaparecían con una rapidez que nos llevaba a la confusión.

En películas anteriores de Tarantino, en los diálogos tendía a difuminarse el interés. Aquí, aunque se siente algún bache, la tensión es más que suficiente en todo momento, y se narra con la suficiente como para que uno salga del cine con ganas de más.

La actuación de Christoph Waltz es sencillamente digna de merito, puede que de Óscar. Es increíble el ojo que tiene Tarantino. Este actor, que era un habitual de las tele series alemanas, parece haberse hecho con el galardón de “Estrella Rescatada del Olvido” que suele conceder el director con sus películas. En cuanto aparecía en pantalla, nadie le perdía detalle, pendientes de cada gesto, chasquido de lengua o crujido de su abrigo.

Un punto negativo, del personaje, no de la actuación, es su “epic fail” final, algo que uno no termina de comprender en un personaje tan soberanamente malvado y astuto. Aunque la filosofía alemana de que las ordenes de un superior siempre se cumplen pudiera tener que ver.

También de recalcar el estilo de diva alemana que Diane Kruger ha sabido aportar a su personaje. Por contra, Brad Pitt es posiblemente uno de los más flojos, pues tiende a caricaturizarse más a cada momento.

Y hablando de caricaturas, en un principio me pareció negativo el increíblemente mediocre trabajo de caracterización de los personajes históricos. Pero ahora pienso que quizás se hizo adrede, con el animo afianzar esa patina de cómic que se degusta en todo el metraje.

Mención aparte merece la música. Y en especial, las piezas, originales por fin, de Ennio Morricone. La tarantela final es pegadiza, muy pegadiza.

En definitiva, una película que hay que ver, en el cine si es posible.

Si es posible, en versión original.

Una de esas películas que si tuviera un cine cerca, iría a ver más de una vez.

Es decir, para que me entendáis...

Tan buena que Molina Foix diría que es una puta mierda.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Embellecimiento del lenguaje por via aragonesismo

Querido sobrino Gobbo:

Que le voy a hacer. Yo, que nací en Ávila, y por ello disfruté durante tiempo de un perfecto acento plano, a excepción de un particular "leismo" que algunos chiitas del lenguaje se encargan de hacerme notar, he terminado por incluir en mi forma de hablar dejes, palabros y acentos propio de la tierra donde hace seis años que arrastro mi pellejo, llamado Desierto de Calanda.

Y eso que aquí no es muy pronunciado el acento, dado que el arte de acentuar todas y cada una de las vocales es más de la Zaragoza pa'rriba.

Y no me quejo. Al principio fue solo la habilidad descubierta de hacerme oír de val a val de un soberano berrido. Quienes me escucharon afirmaron que tenía madera de pastor.

Luego fue el "pues", que como todo el mundo sabe, es para un aragonés, como el "cambio" para un radioaficionado. Nadie interrumpe ni te contestan si no dices antes "pues".



Pero bromas aparte, me doy cuenta de que mi lenguaje, en especial ciertas palabras malsonantes, han sido sustituidas por sonoras, graciosas y curiosas palabras de significados, que siendo equivalentes, no son tan agresivas.

Pongamos algunos ejemplos.

1. Antes, cuando en broma o en serio, amenazaba con el uso de la fuerza física, mencionaba que
"Te voy a dar una hostia"

Ahora, la cosa suena mucho mejor con el uso del aragonesismo
"Te vi'a dar un tozolón"


2. Luego tenemos la clásica expresión de reproche, en el tono que queráis, cuando alguien nos sorprende
"¡Seras cabrón!"
Que en aragonés equivale a un
"¡Seras carnuzo!"
(Carnuzo: Caballería muerta. Se usaba también como insulto.)


3. Luego esta lo del "coño". Antes siempre estaba con el "coño" en la boca (figuradamente).
Coño, que caliente esta esto!"
Ahora, la interjección ha sido sustituida por otra menos sexista y denigrante para la mujer.
Mañoooo, que caliente que'sta esto!"

4. Y luego estaba todo el día obsesionado con el joder (figurada y no figuradamente).
"Joder, que tío más cabrón"
Lo cual se traduce en un combo de dos aragonesismos...
Copooón, que tío más carnuzooo!".

5. Luego están las palabras sin alma, que no dicen na'. Por ejemplo, cuando a una chica la dices
"Vas muy guapa (mona, linda, arreglada)"
Es que ni se gira a mirarte... pero si le sueltas...
"Anda que no vas tu escosca' (apocope de escoscada) ni na'"
Que pese a su significado, se usa para decir que uno va muy elegante y arreglado. La chica seguro que no lo sabrá y se girará, cuando menos a decir
"¿Que?"

6. "Tío". A todo el mundo le llamaba tío, aunque no tuviéramos grado conocido de consanguinidad. No se si es que nos daba envidia de los negros que entre si se llaman "hermano" (dicho sea con el mayor de los respetos)
"¿Cuando quedamos tío?"
Bueno, pues aquí he aprendido e incorporado una variación elegante a la par que discreta
"¿Cuando quedamos galán?"

Y podría seguir con muchas otras que he incorporado como "perras", "pito", "mallo", "impelte" y muchas más que no puedo recordar. Acabo de recordar que cuando rondas a una chica, "festejas" con ella. Para los interesados, echen un vistazo a esta página con modismos de la zona.

No es una entrada muy friki, pero ya tenía yo ganas de contar algo similar por acá.
Y como no hay mucho más que contar, a la cama que me voy...

¡Vengapues!

viernes, 18 de septiembre de 2009

Carta abierta a los Juegos de Rol en vivo

Estimados Juegos de Rol en Vivo (en adelante ReV),

Llevamos ya cuatro años conociéndonos el uno al otro y debo decir que lo nuestro ha ido decayendo. Cada vez más me doy cuenta de que algunos viejos amigos tenían razón.
En el fondo no eres más que una excusa para molarse.

Esta bien, esta bien, reconozco que en su día me apasione un poco. Pero fue un capricho y ahora lo comprendo. No es lo mismo. Ya no veo las virtudes que vi en su día, y si todos tus defectos.

Recuerdo que el primer vivo que jugué fue “Kremlin”, en mis primeras TdN, las del 2006. Y se me dio tan bien, que en esas mismas TdN repetí la experiencia, con “Futurama”. Interpretar a Zapp Brannigan fue increíble y muy divertido. Al menos en aquella primera ocasión.



Después seguí jugándolos siempre que pude. Coronel de las SS en un campo de concentración, colaboracionista de los replicantes, vaquero romántico y soñador, policía de asuntos internos incestuoso, viejo militar inglés retirado... No se me daba nada mal y sin presunción, afirmo que casi siempre tendía a conseguir todos mis objetivos. Al final hasta quise escribir uno, y parí la estructura mayor de “La fiesta del descompromiso”, más conocido como Monkey Island, y que Isil, productora del mismo, ha desarrollado finalmente mucho más que yo.



Pero todo se acabó. En estas TdN me he ido dando cuenta.
Mis quejas contra ti son variadas. Para empezar cualquier parecido con los juegos de rol que ya conocía no fueron más que vagas casualidades formales. En realidad no te pareces a mi viejo y buen rol de mesa, al que tanto echo de menos y que tan poco practico últimamente.

El rol de mesa (en adelante ReM) es cooperativo, o al menos debería serlo. Ni siquiera es un enfrentamiento del Master contra los jugadores, como algunos master tienden a interpretar. Es un todos contra el mundo. Es un “seamos amigos, complementémonos y acabemos con ese cubil de un primigenio”.
Tu no. En los ReV, todo el mundo guarda un secreto oscuro y sórdido, una intención oculta y si trabaja con los demás, suele ser, en el mejor de los casos, para joder a un tercero. Y casi siempre, en realidad lo que quieres es utilizar al susodicho.



En el ReM, el espacio es infinito. No existen limites espaciales, y puedo estar en Chicago, pero coger un tren a Washington, o una diligencia a Tombstone, o un cohete a Puerto Cydonia, en Marte.
En los ReV, casi siempre el espacio esta severamente confinado. A un máximo de dos o tres salas.

En el ReM, hay una progresión temporal. Uno tiende a construir personajes ricos casi de la nada, y por lo general, personajes que salen de uno mismo, con lo que se implica más en su desarrollo y en redondear su historia.
En el ReV no es más que el amor de una noche caliente. Te lo encuentras, le preguntas su nombre, le usas durante unas horas y luego lo sueltas como un papel arrugado, que apenas si recordaras a la mañana siguiente. No recuerdo el nombre de mi primer personaje en un vivo, pero si recuerdo el de mi primer personaje de una partida de rol.
Cierto es que existen juegos donde se conservan los personajes de partida en partida, pero suelen ser eventos ya muy delimitados, de gran “presupuesto”. Algo así como superproducciones de ReV. También es cierto que estos son los menos.



En el ReM, tienes la opción de parar a discutir una cuestión oscura, y la interacción se realiza con un master por cada seis jugadores. Creo que tendrás suerte si en un ReV solo se duplica dicha proporción, y mientras el master atiende una duda, la acción sigue a su alrededor. Por cierto, un master que solo es consciente de una parte limitada, muy limitada de lo que se habla o conspira en la historia. No puede escuchar todo lo que hablan o conversan entre si los jugadores. Es más un trabajo anárquico, una casualidad estadística que un verdadero trabajo del master el que sucede en los ReV.

Luego está la función social. En realidad los ReV son una excusa para conocer chicas frikis. ¿Que más da que el personaje que me toca interpretar odie a aquella chica de allí? Me tiro toda la partida hablando con ella y mirándole las tetas.

Y de interpretar los personajes, mejor ni hablamos. Siendo sinceros resulta que casi siempre lees el personaje con solo un par de minutos, te quedas con un lema básico de entre todos tus objetivos y olvidas la mitad de los datos importantes.

La guinda es el factor carnavalesco. Y eso que al principio casi nunca me disfrazaba. Una simple etiqueta me marcaba con el nombre de mi personaje y eso era suficiente. Ahora se han convertido en una norma lo de disfrazarse. Y lo peor es que el medio se ha terminado convirtiendo en el fin. La gente opta por los personajes cuyos disfraces les van a hacer más dignos de admiración. Y es admirable, pero no deja de ser un baile de disfraces. Y no era eso lo que me vendiste.

Recuerdo que Andres Santamaria, mi iluminado de cabecera, me dijo una vez:

“Todos los ReV son en realidad una partida de Vampiro.
Tu grita en medio de uno ¡Caza de sangre! Y veras lo que pasa”


Y es que la conclusión es clara. No se hacen más que para molarse. No se juegan más que para molarse todavía más.

Y a menos que Mel me descubra vía “House of the Blooded” (opinión en TdH) y su adorado John Wick, una nueva manera de jugarlos que se acerque más a lo que busco en el juego de rol, lo cierto es que creo que desde hoy, no volveré a acercarme a una partida de ReV, a menos que exista una razón de verdadero peso o el personaje me motive especialmente. O sea... seguiré echando una mano a quien me lo pida, seguiré asumiendo los personajes que me ofrezcan los amigos (su confianza es un orgullo para mi), pero en las colas de las TdN me pueden esperar.
Vamos, que me convierto en un divo de esto. Que asco me doy.


Y ya sin más, recibe un cordial abrazo.
Te deseo una larga y fructífera existencia, pues el hecho de que a mi no me convenzas no quiere decir que desee que no existas. Hay mucha gente por ahí que te adora y os deseo lo mejor.

Que os divirtáis.

sábado, 5 de septiembre de 2009

“Arrastrame al Infierno” y otro lema vital

Querido sobrino Gobbo:

No si ni el tiempo que ha pasado desde que me senté por ultima vez a poner a parir una película que hubiera visto. Mucho y creo que en gran medida ha sido solo vagancia, falta de tiempo y encima, el poco que tenía libre, dedicarlo a cosas que realmente no eran merecedoras de tal inversión. También estuvo mi cabeza. No creí, después de muchas criticas, ser una persona que pudiera dar una opinión autorizada de si algo es bueno o no. ¿Que se yo de fotografía, aparte de distinguir bien los colores más allá de la capacidad de un varón normal (que son como las tarjetas EGA de 16 colores)? ¿Que se yo de montaje, vestuario, interpretación, más allá de lo que cualquier espectador más o menos asiduo de las salas de cine?

Si seguía por ese camino, terminaría viendo películas de arte y ensayo, hablando de Truffat como si fuera mi dios y llevando unas grandes gafas de pasta. Y charlando/asesorando en la FNAC.

Es decir, que este largo periodo de ausencia ha sido en parte motivado por otro de mis laberintos mentales, que tanto me hacen charlar conmigo mismo y que tanto me hacen sentir inútil y carente de sentido. Estos periodos suelen coincidir con el otoño y la primavera.

Pero durante las vacaciones, aunque no vi todo el cine que me hubiera gustado (de hecho al cine no fui más que una vez, a ver "UP", algo que todos deberíais hacer), si que vi algunas. De los hermanos Marx cayeron cuatro, y con Sergio aun me vi algunas más, entre ellas "Ratatuille". Como peli de animación es sencillamente genial, como casi todo lo que hace Pixar, pero el personaje que me deslumbró fue el falso malo malísimo, Anton Ego, que después de su epifanía culinaria final, expresa con palabras lo que yo, pobre escribidor, no consigo hilar.

"El trabajo del crítico es sencillo en más de un sentido. Arriesgamos muy poco, y sin embargo usufructuamos de una posición situada por encima de quienes someten su trabajo y su persona a nuestro juicio. Prosperamos gracias a nuestras críticas negativas, que resultan divertidas cuando se las escribe y cuando se las lee.
Pero la cruda verdad que los críticos debemos enfrentar es que, en términos generales, la producción de basura promedio es más valiosa que lo que nuestros artículos pretenden señalar."

Esas palabras cambian el sentido de mi intención a la hora de hablar de películas, desde un punto de vista más humilde. Me colocan en mi sitio, como simple aficionado. Y recordando lo que solía decir mi abuela, que a colación, convierto en lema vital:

"Si no puedes decir nada bueno, mejor no digas nada, que de callar no se arrepintió nadie pero si de una palabra dicha a destiempo"

A partir de ahora, solo dedicaré mi tiempo y mis entradas a películas que pueda recomendaros. Sin puntuación. Solo un "Id a verla", que hasta puede que omita, pues se puede dar por sobreentendido.

Y la primera película que recomiendo con este nuevo estilo recién estrenado es...

"Arrastrame al Infierno"

¡¡CUIDADIN!!
¡¡PUEDE QUE TE CUENTE COSAS DE LA PELICULA QUE NO QUIERAS SABER POR ADELANTADO!!
¡ESTAS AVISADO!

Sam Raimi ha sido y posiblemente será mi director favorito de terror. Recuerdo, que con diez o doce años, escuché a mi tío Ramón decir que había visto con un amigo una película en el videoclub de dicho amigo y que cuando otro vinieron a buscarles, dieron golpes en la puerta de cristal y que casi se les escapa el corazón por la boca. El título de aquella película fue "Terroríficamente Muertos".


En aquellos días, ir a los videoclubs era algo que se solía hacer con frecuencia. Tener un VHS era mejor que tener intenne, y si te dejaban solo y había poca gente, podías echar un vistazo rápido a escondidas de las portadas de la sección que tenía los títulos más interesantes para un preadolescente.
Recuerdo que después de oír aquello, busqué el video en mi videoclub y la portada me hizo tener un escalofrío. Una calavera humana, con los ojos bien frescos mirándome de reojo. La solté enseguida y me fui a casa.


Uno o dos años más tarde, en la vieja Antena 3, un espacio mítico pero fenecido en las garras de la cuota de pantalla, Noche de Lobos (según Wikipedia, ocurrió el 21 de octubre de 1990… mi memoria no me engaña entonces), ponía todos los domingos, maldita la hora, una película de terror para nuestro goce y disfrute. La casualidad, y un lunes festivo hizo que mis padres, vaya usted a saber porque, me dejaran quedarme a ver la película que tocaba... "Posesión Infernal". Vaya momento.

En aquella ocasión creo que no pude terminar de ver la película, porque me pareció demasiado fuerte. Demonios voladores, un sitio apartado de todo y de todos, un bosque violador de mujeres, el Libro de los Muertos, también conocido como Necronomicon, la posesión de las cosas inanimadas, la mutilación y asesinato de los seres queridos... y Ash, naturalmente.

Supongo que uno se vuelve friki en muchos momentos de su vida. Si es así, este fue uno de los más importantes.

Sam Raimi me sedujo por su utilización del humor en las películas de terror. El humor es poderoso, porque nos ayuda a vencer el miedo. Es como un analgésico que nos permite continuar, no importa lo duro que nos asusten. Después la carrera de este director siguió por otros derroteros, para finalmente, acabar en los brazos de la comercialidad absoluta con "Spiderman", de la que ha firmado 3 entregas, y ya tiene apalabrada hasta la quinta. Si, la quinta. Por un lado es algo positivo, porque nos brinda un tipo de calidad detrás de los proyectos del trepamuros (a pesar de que “Spiderman 3” sea algo más que mejorable), pero por el otro nos aleja a Sam Raimi de las pelis de miedo que es lo que realmente parece que se le da bien y en las cuales tiene un estilo inconfundible e inimitable.

Bueno, sin saber muy bien como ni de donde habrá sacado el tiempo, aquí se presenta el señor Raimi con una nueva vuelta a su genero favorito, el terror, con una historia muy interesante. Una chica joven llamada Christine Brown, que ha luchado para tener lo que tiene (trabajo, novio, tipazo), está a un paso de convertirse en la subdirectora de su oficina, en dura pugna con un trepa enchufado que pretende el mismo puesto que ella. Para ello se ve en la tesitura de tomar una decisión difícil, y la casualidad hace que la decisión difícil sea joder a una vieja señora rumana gitana, la señora Silvia Ganush, que va a perder su casa por no pagar la hipoteca. Puede darle un aplazamiento, pero para ser banquero hay que demostrar no tener alma, ¿verdad? Eso la lleva a tomar la decisión de hacer la puñeta a la vieja y desagradable señora, cometiendo un error que cualquiera se cuidaría de cometer... y es que no se puede joder a una bruja sin pagar las consecuencias. Y menos en una de miedo.

La señora, con muy mala hostia, maldice a la pobre banquera y desde ese momento la acosará un tipo llamado Lamia, pero que más parece el mismísimo diablo en persona, con toda la parafernalia de cuernos, aspecto de macho cabrío, mal beber en general y falta de sentido del humor, olor a azufre y suelos abiertos a las fosas ígneas del fondo de la tierra. Tiene tres días, durante los cuales, el Lamia se divertirá torturándola y acojonándola. Por si el lamia flojea, también está la vieja para que nuestra pobre protagonista no baje la guardia. Y pasados los tres días, el Lamia la arrastrará al infierno, de donde no la sacará ni John Konstantine.

La película es sencillamente es-tu-pen-da. Al principio, tras un breve pero intenso preludio en el que nos hacen ver lo que le sucede a otra victima de la Lamia, todo comienza tranquilo. Chica mona, banco, aspecto de ser los años 80 por aquello de asciende pisando cabezas... y en cuanto las uñas corrompidas de la vieja comienzan su rítmico tamborileo sobre la mesa de la protagonista, se acabó la paz. Ya no habrá descanso hasta el final de la película. Raimi entonces empieza por el asco, el miedo a la ancianidad, a volverse viejo, dientes postizos, vergüenza ajena... luego da paso al miedo a lo desconocido con cosas que parecen tener un comportamiento inteligente, miedo a ser asaltados, miedo a ser golpeados, violencia... miedo a lo sobrenatural, miedo a los insectos, a la sangre, incertidumbre de si lo que pasa es real, miedo a no ver la fuente de nuestros males, miedo a la oscuridad, a los ruidos fuertes, a los extranjeros, a las costumbres extrañas, a la muerte, vuelta al asco, ancianidad y fluidos corporales, miedo a fracasar en sociedad, a hacer el ridículo... la protagonista se va hundiendo, puede que demasiado rápido, en la espiral de locura al cual le lleva el acoso del Lamia, y toma decisiones difíciles. Primero deberá sacrificar un inocente animal... más tarde tendrá que decidir si hace cosas mucho más crueles por salvarse.

Cerca del final de la película, Raimi comienza a recurrir a las bromas, con una escena digna de Rasca y Pica (¡yunques en la cabeza!), auto homenajes con los demonios voladores encarnados en seres humanos, de caras deformadas, voces de ultratumba y dientes con muy mala hostia, cosas que toman vida... ya dijo Guy de Mauppasant que hay pocas cosas más aterradoras que ver como los muebles del cuarto comienzan a desfilar en formación mientras uno escucha como las flores del parterre se ponen a cantar (citando de memoria). Dios, que gafapasta ha quedado esto último. Pero si no conocéis a Guy de Mauppasant merece la pena leer un poco.

La escena final en el cementerio, lloviendo, parece filmada en la misma Transilvania y no en una ciudad americana del siglo XXI. La lluvia calando la ceñida camiseta de la protagonista me hizo recordar el momento Miss Camiseta Mojada + Bondage de Kristen Dunst que nos regalase el director en "Spiderman 2" (solo esa escena ya pagaba la entrada). Solo objeto el color, que también en esta ocasión debería haber sido blanca. Y más fina.

Quizás lo peor, sin ser muy malo, sea el final, que es excesivamente previsible. Si lo hubiera cambiado totalmente, hubiera sido un golpe maestro, porque todos estaríamos diciendo "¡se lo que va a pasar!" y de repente nos quedaríamos con cara de idiotas. Pero es una película que te lleva hasta el final cumpliendo lo que pretende, que es dar miedo. No es larga, los actores están bastante bien (si os suena la protagonista, Alison Lohman, es porque la visteis en “Big Fish”, haciendo de la joven señorita Sandra Bloom), el uso de cámara es muy bueno, sin sustos de pacotilla, o casi ninguno, todo a base de tensión, sombras que avanzan despacio, regodeándose, y ambiente, algo que solo se logra con una buena narración y no con cosas que se mueven rápido y cámara de videoclip.

Como curiosidad, diré que el actor fetiche del señor Raimi aparece a los cinco minutos de película. Parece mentira lo bien cuidado que lo tiene. Ya debe de valer un fortunón.
Lo que me sorprendió, negativamente, fue la ausencia de Bruce Campbell, que es un fijo en casi todas las producciones de este director.

Cine friki pero del bueno, y ahora a esperar las nuevas entregas terroríficas de Sam Raimi, que promete revisitar la trilogía de Ash (con una revisión de la primera, Evil Dead, y un Evil Dead IV en proyecto), y también escuché el otro día en una entrevista a Bruce Campbell que posiblemente participaría en la segunda parte de "Jason VS Freddy", que pasaría a titularse "Jason VS Freddy VS ASH", adaptación de un comic en serie entregas, que iré a ver SI o SI. Lo que ya sería genial es que Sam Raimi se hiciera cargo del proyecto.

Naturalmente, ID A VERLA. Yo ya la he hecho un sitio en mi DVDteca.


Y sin otro particular que contarte, se despide de ti, tu tío Quaid el viajero