lunes, 28 de septiembre de 2009

Inglorious Basterds (opinión)

Querido sobrino Gobbo:

Ver una película solo es un pecado que me consiento demasiado a menudo. Solo en ocasiones consigo que alguien me acompañe a ver una película, y naturalmente, eso se suele deber a la enorme calidad o expectación que la misma pueda haber causado. De hecho, creo que la última vez que fui al cine acompañado fue para ver “Hulk”. Si, la nueva. Si, la mala (Adoro provocaros malditos frikis chiitas. La de Ang Lee es la mejor).

Y a todo esto, ¿porque no amenizar la lectura con la música original de la película?

Cortesía de Grooveshark.com.

En esta ocasión, y después de que mi trabajo (lo adoro) pospusiese los planes toda una semana, fui a visitar a Shaska y Andur durante el fin de semana y aprovechamos para ir al cine, acompañados por Isaac, amigo de Andur. La película cumplía los requisitos con creces. Prometía calidad y había causado una grandiosa expectación.

Soy un fan del señor Tarantino. Incluso su peor película, “Deathproof”, me parece una película con mucho más sentido que muchos bodrios que hemos visto rodar en los últimos tiempos. Es un director con un lenguaje propio y desde que apareció, imitado hasta la saciedad, con muy poco éxito, salvando jugosas excepciones.

Curiosamente, el fetiche de la mejor película de Tarantino que no es de Tarantino, fue el señor Bradd Pitt en la película de inexcusable visionado “Snatch: Cerdos y Diamantes”. Quizás por eso el señor Tarantino decidió que el señor Pitt debería estar en su película. En una de Tarantino rodada por Tarantino.

Y es que por fin, después de dos años de espera, de impaciente espera, llega a nuestras pantallas

“Malditos Bastardos”

ATENCIÓN. SI SIGUES LEYENDO, PUEDE QUE TE REVIENTE EL ARGUMENTO.

Y DADO QUE EXISTE UNA PLANTA DEL INFIERNO RESERVADA SOLO A LOS QUE HACEN ESO, COMO EXISTE UNA PLANTA DEL INFIERNO RESERVADA A LOS QUE DERRAMAN EL WHISKY, O LA QUE HAY SOLO PARA LOS PEDERASTAS Y LOS QUE HABLAN EN EL TEATRO, PUES PREFIERO AVISAR.

SIGUE LEYENDO A TU PROPIO RIESGO.

Ya avisó Tarantino que aunque la película estaba ambientada en la Segunda Guerra Mundial, no era, en absoluto, una película de la Segunda Guerra Mundial al uso. Es más, me atrevería a decir que guarda vínculos con multitud de géneros, a excepción del bélico. Cuidadosamente se evitan en todo momento escenas decididamente militares, como los saltos en paracaídas que llevan a los bastardos del teniente Aldo Raine a la Francia ocupada por los nazis o el desarrollo de las emboscadas que Raine y sus hombres tiendes a las patrullas alemanas.

Nos encontramos ante una sucesión de pequeños cortos que se desarrollan cada uno en su propio genero. Y comenzando por el primero... un Western.

Comenzar una película con un “Erase una vez”, con música de Ennio Morricone disfrazando los compases de “Para Elisa” de melancolía pistolera, y un hombre vestido de negro llegando a una casa perdida en medio del campo nos hace, queramos o no, rememorar el Spaguetti Western más grande de todos los tiempos.

En la primera escena, Tarantino nos presenta al Coronel Landa, uno de los malvados más maquiavélicos y diabólicos que he tenido el gusto de ver fuera de una de la Disney. Sin dudarlo, el mejor personaje de toda la película.

Después presenta a los personajes que dan nombre en si a la película, los Malditos Bastardos. Aldo rememora el discurso de “Patton”...

“No hemos venido aquí a enseñarles humanidad a esos malditos nazis”

... llevándolo al extremo ante un auditorio más selecto, soldados judíos voluntarios, con una llamada a la sangre, a la crueldad y al bestialismo que nos deja claro que aquí tampoco están los héroes de la historia. Y menos cuando a continuación nos presenta sus actividades, a que se dedican los Bastardos en una de las escenas más violentas y tensas, con guiños a si mismo, tanto en la música tomada prestada de “Kill Bill” como en los cortes tipo cómic que hace para presentar a los nuevos personajes. Brutalidad, honor ensuciado con racismo y crueldad a partes iguales.

La historia de los bastardos se aparca entonces, narrando la historia de un soldado alemán, Fredrick Zoller, enamorado de una francesita que resulta ser la propietaria de un cine, donde por medio del prestigio del joven francotirador se estrenará una película propagandística de Goebbels, con la asistencia de toda la plana mayor. La chica es en realidad una judía que consiguió escapar a las garras del Coronel Landa, y tramará un plan para vengar a su familia.

Desconocedores de este hecho, el Alto Mando Aliado pone en marcha una misión con un objetivo idéntico. Aniquilar a todos los prebostes nazis, y para ello, precisan de la ayuda de los Bastardos. Y a pesar de las dificultades se hace necesario intentarlo a cualquier coste, pues a última hora confirma su asistencia el mismísimo Fuhrer.

Dos historias que paralelamente, nos llevan a un cine lleno de explosivos, productos inflamables y con dos planes para asesinar a todos los jefes nazis que terminan en un sorprendente y apocalíptico final.

Porque desde luego, el final no me lo esperaba, contribuye a mantener en todo momento la tensión y quizás sea uno de sus puntos más brillantes, dando origen a una interesante ucronía. Mierda, es cierto, solo lees cómics... bueno, una ucronía es lo que Marvel llamaría un “What If?”.

Servidor salió del cine más que satisfecho. Aunque yo no diría que es “su obra maestra”, si es una película memorable que sin duda compraré con la esperanza de que en el DVD Tarantino se permita el lujo de montar la película como el quería desde un principio sin presiones de las productoras para que recortase el metraje final. La película se me hizo corta. Por momentos, me daba la impresión de que me escamoteaba cosas. Y ciertos personajes, presentados con esmero, desaparecían con una rapidez que nos llevaba a la confusión.

En películas anteriores de Tarantino, en los diálogos tendía a difuminarse el interés. Aquí, aunque se siente algún bache, la tensión es más que suficiente en todo momento, y se narra con la suficiente como para que uno salga del cine con ganas de más.

La actuación de Christoph Waltz es sencillamente digna de merito, puede que de Óscar. Es increíble el ojo que tiene Tarantino. Este actor, que era un habitual de las tele series alemanas, parece haberse hecho con el galardón de “Estrella Rescatada del Olvido” que suele conceder el director con sus películas. En cuanto aparecía en pantalla, nadie le perdía detalle, pendientes de cada gesto, chasquido de lengua o crujido de su abrigo.

Un punto negativo, del personaje, no de la actuación, es su “epic fail” final, algo que uno no termina de comprender en un personaje tan soberanamente malvado y astuto. Aunque la filosofía alemana de que las ordenes de un superior siempre se cumplen pudiera tener que ver.

También de recalcar el estilo de diva alemana que Diane Kruger ha sabido aportar a su personaje. Por contra, Brad Pitt es posiblemente uno de los más flojos, pues tiende a caricaturizarse más a cada momento.

Y hablando de caricaturas, en un principio me pareció negativo el increíblemente mediocre trabajo de caracterización de los personajes históricos. Pero ahora pienso que quizás se hizo adrede, con el animo afianzar esa patina de cómic que se degusta en todo el metraje.

Mención aparte merece la música. Y en especial, las piezas, originales por fin, de Ennio Morricone. La tarantela final es pegadiza, muy pegadiza.

En definitiva, una película que hay que ver, en el cine si es posible.

Si es posible, en versión original.

Una de esas películas que si tuviera un cine cerca, iría a ver más de una vez.

Es decir, para que me entendáis...

Tan buena que Molina Foix diría que es una puta mierda.

1 comentario:

Hecate dijo...

Interesante crítica, aunque no sé por qué pero mis expectativas para con esta película han decrecido bastante (me has desanimado bastante con tu decepción con el final)

Me has abierto todo un mundo con el texto del final... citanto a LesLuthiers (sacándoles totalmente de contexto) "!Hay que tener coraje!"