lunes, 16 de noviembre de 2009

El Logos

Querido sobrino Gobbo:

Se que en mi no es natural la publicación tan frecuente de bitácoras. Puede deberse a varios motivos, usuales en mi, como es que pueda estar en mi fase maníaca de mi síndrome bipolar, que esté tomando demasiado te con ginseng y las energías que no gasto en actividades de alcoba las tenga que desahogar de alguna forma… pero en esta ocasión se trata de simple y llano orgullo, mi pecado favorito.

Un amigo, buen amigo por demás, me ha asaltado hoy vía mensajería instantánea, reprochándome que en ocasiones haya de acudir al diccionario en busca del significado de algunas palabras que utilizo en mis escritos. Que parece que intento dármelas de listo, que me arrogo aires de intelectualidad que no poseo o al menos no en la medida que finjo.

Y es cierto, aunque solo en parte. Uso muchas palabras, y de ello me precio, no sin cierto orgullo. Saber al menos tres sinónimos de cada concepto me parece vital para la correcta utilización del lenguaje, pero no nos quedemos en el reproche del amigo, que en parte pudiera tener razón, y entremos al meollo del asunto.

Porque desgraciadamente, si, en nuestra sociedad, hablar usando más de doscientas palabras es convertirse automáticamente en un pedante.

George Orwell, un autor que debería ser leído con más frecuencia creo yo, nos mostró el aterrador mundo de 1984, un mundo en el que el gobierno controla el lenguaje, y a través de el, lo que las palabras quieren decir, y así, modela en la mente de sus ciudadanos la realidad, haciéndoles vivir como virtuales esclavos de una falsa libertad de pensamiento.

En la sociedad de hoy, el grueso de la población votante sobrevive con menos de 200 palabras. Y con tal subjetivación del lenguaje, usando para decenas de conceptos la misma palabra, dichas personas caen presa fácil de cualquier demagogo, que pueda tergiversar las palabras haciendo que signifiquen otras cosas y de tal manera, alterar la realidad por dichas personas percibida.

Por ello, por el bien de la sociedad en que vivimos, me niego a dejar de aprender una palabra cada día, me niego a no usarlas siempre que pueda. Porque si cada día usamos menos palabras, cada día estamos un paso más cerca de volver al árbol. Muchas personas han vuelto ya a subirse y a lanzarse mierda a la cara como única muestra de comunicación y relaciones de grupo. Solo hay que poner Telecinco en horario de máxima marujaudiencia.

Adaptar el lenguaje, cierto, tengo que adaptarlo a quien va dirigido. Pero vosotros, los que me leéis no sois yonkis de Orcasitas. Sois por lo general, gente con educación superior. No os relajéis en el uso del lenguaje, porque de ahí a reír las gracias del típico baboso vendevidas no hay nada.

Los antiguos lo sabían bien, sabían que las palabras tienen un gran poder, y que son el camino que hace que las ideas puedan pasar de un ser humano a otro. Y después de toda una vida, tras su muerte, del hombre no queda nada, pero sus ideas siguen aquí. Eso es la humanidad, las ideas que quedaron. Matar las palabras es negarnos el acceso a las ideas, y si no podemos llegar a las ideas, entonces la inteligencia es superflua.

Al principio fue Dios. Al principio fue el Logo, el Verbo. No es casualidad esta identificación. Al principio no había nada, y la palabra le dio forma a la realidad. Eso es lo que quiere decir.

Por tanto no despreciéis las palabras, aprendedlas, y si veis una desconocida, averiguad su significado y tratad de utilizarla en un contexto apropiado.

Un lema vital que viene al uso:

“… las palabras siempre conservaran su poder, las palabras hacen posible que algo tome significado y si se escuchan, enuncian la Verdad…”

V, V de Vendetta

Nada más que decir al respecto.

Un cordial saludo y hasta la próxima.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Teoría de enanitos

Querido sobrino Gobbo:

Ha venido a mi memoria de la forma más peregrina el recuerdo de cuando comencé la universidad. Yo, como todos los varones, y muchas féminas de los ochenta, quería ser informático. Es decir, sabíamos que los ordenadores iban a cambiar el mundo y queríamos estar en primera línea, como unos campeones.


Por desgracia mi nota de selectividad, un satánico 6’66, apenas dio para meter cabeza en Técnico Medio de Informática de Gestión en la universidad de Valladolid, a donde iba y venía todas las mañanas del curso del 95, y donde tuve mi primer contacto con el mundo universitario. Parece mentira que hayan pasado catorce largos años.

Bueno, naturalmente, y dado que soy algo zopenco, no aprobé ninguna asignatura, lo que en aquel entonces no suponía una medalla al merito ciudadano como ocurre hoy en día, ni merecí un articulo de denuncia de la crueldad del profesorado que había destruido mi ego y me había traumatizado… no, que va. En aquel entonces te echaban de la carrera y punto. Gracias a dios, porque eso supuso que pude hacer una carrera con futuro.

Pero no negaré que tuvo su gracia. Conocí gente maja, a la rubia con los ojos acuosos y los labios más excitantes que jamás he vuelto a ver en mi vida (Ana se llamaba, creo), y algunos buenos colegas de los que, desgraciadamente, no he vuelto a saber mucho. También mandé mis primeros correos electrónicos, tome contacto con UNIX (a quien dios confunda) y aprendí a programar, a pesar de que mi vagancia hiciese su trabajo para impedir mi aprobado. Eso y el profesor, que eso de que un servidor le corrigiese le sentaba como una patada en los cojones. Aquel barbas ególatra y acomplejado me lo dejó bien claro en la revisión de examen: “Si, si se que has estudiado y que te lo sabes, pero no creo que estés dando todo lo que puedes”… es decir, “Jódete, que no te pienso aprobar, por listo”.

Pero bueno, peor hubiera sido que me hubieran dejado repetir primero. O sea que en el fondo, le debo estar agradecido. Por eso y por una coña que le soltó a un chaval en medio de clase un día, que dio lugar a una teoría científica que el mundo no está preparado para asimilar aun, pero que explica la totalidad del mundo conocido: la teoría de enanitos.

La teoría de enanitos parte de la premisa de la existencia de una especie diferente a la humana, de un tamaño variable entre más o menos esto y una cosita así. Son criaturas muy trabajadoras, más que nada porque nadie hace teles ni routers de su tamaño. Por tanto, no pierden el tiempo. Vienen a ser como los Curris de los Fragel, pero no están especializados en la construcción, sino en la electrónica. Por cierto, ahora que sale el tema, el gobierno solventaría el problema de la construcción en España si obligase a las grandes empresas, vía B.O.E. a construir con el material de los Curris. Cuando ya no quedase sitio para construir, nos comemos las casas y vuelta a empezar. Sabias criaturas los Curris.

Pero volvamos a nuestros enanitos. La teoría surge cuando un alumno pregunta a un profesor porque cuando pulsamos “a” la pantalla muestra “a”. Dado que el profesor era un profesor de programación, le soltó el exabrupto: “¡Porque un enano en la pantalla pone un puto cartel! ¡A ti que cojones te importa! ¡Eso al de hardware!”

Entonces, un amigo y yo comenzamos a desarrollar la aplicación de la teoría de enanitos, comenzando por el ejemplo que el profesor había puesto. Se desglosaría así:

  1. Debajo de cada tecla hay un enanito, y otro mogollón de ellos esperando en la parte del teclado que tiene cable. Si no tiene cable, pues está un enanito con una radio.
  2. Cuando el usuario pulsa una tecla, el enanito en cuestión da el aviso a grito pelado “¡Han pulsado la AAAAA!”… Los enanitos del cable, o el de la radio se disponen a mandar la noticia a la CPU, algo que hacen a toda pastilla, como si fueran los impulsos nerviosos de “Erase una vez: El cuerpo humano”.
  3. En la CPU, que suelen estar intentando mantener en equilibrio todas las libretas con apuntes de lo que nosotros suponemos que está en la memoria RAM, reciben el aviso y se ponen a buscar en la libreta, primero, donde está el enanito cursor en la pantalla. Luego, una vez localizado este, le mandan un aviso por el mismo sistema descrito anteriormente a la pantalla, llena de enanitos con cartones pintados con 256 colores diferentes y los signos ASCII (en realidad lo de los sesenta y cinco mil y pico colores no es más que una exageración… los hombres distinguimos el color de nuestro coche y poco más).
  4. Una vez llega a la pantalla, el enanito ujier de la misma, se informa de que cartón tienen que coger, manda a uno de sus subalternos cogerlo y le da los datos de la posición del enanito cursor en el andamio en el que están todos los enanitos sujetando los cartones que conforman la pantalla que vemos en cada momento.
  5. El enanito subalterno le sube el cartón al enanito cursor, que de inmediato lo exhibe, y el subalterno, se queda en la nueva posición de cursor, pegándole una voz al enanito ujier de donde se encuentra.
  6. El ujier lo apunta y le devuelve lo libreta al mensajero, que devuelve el mensaje a la CPU.

Todo este proceso que parece tan lento, es en realidad muchísimo más lento, dado que a veces los mensajeros tienen que soportar malas condiciones atmosféricas, asaltos en la memoria Cache (que es muy estrecha y propensa a emboscadas), alguna que otra huelga de transportistas, y piquetes muy violentos.

Lo que pasa es que el tiempo en el plano enanitil transcurre diferente que en nuestro plano. En el periodo que he tardado en escribir esta bitácora ha sido suficiente, por ejemplo, para ver ascender y caer varios imperios enanitiles.

Por desgracia la teoría es cuando menos, difícil de probar, dado que solo existen si no les miramos. Si los miramos, no están, pero están donde no estamos mirando, lo que permite a la realidad de la electrónica, y sospechamos que muchos otros campos, seguir funcionando. Pero la curiosidad humana empieza a ser peligrosamente ubicua. Imaginad que un día los enanitos se hartan de nuestro voyerismo innato.

Y poco más por hoy. Otro día que tampoco tenga nada que hacer, os hablaré de las aplicaciones de esta revolucionaria teoría que puede explicar prácticamente como funciona cualquier cosa.

Se despide tu tio, Quaid el viajero.

P.D. El lector atento podrá argüir que la mencionada “radio” que usa uno de los enanitos necesitará de algún medio para funcionar. Obvia mencionarse que la teoría de enanitos es autoreferenciable. Es decir, la radio de los enanitos funciona por teoría de enanitos.